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Miércoles 21 de Febrero de 2007
Crónica del Miércoles 21 de Febrero de 2007

Aparece la trama minera

En la quinta jornada del juicio fueron interrogados seis supuestos colaboradores de la célula que perpetró el 11-M: Rachid Aglif, "El Conejo", y Abdelilah El Fadual -los dos presuntos lugartenientes de Jamal Ahmidan, "El Chino", uno de los siete suicidas de Leganés-, así como Saed El Harrak, Larbi Ben Sellam y Hamid Ahmidan, primo de "El Chino".

"Estoy harto de sus gestos" es la frase que quedará grabada en la memoria de quienes seguimos el desarrollo diario de este juicio. Con esta demostración de hartazgo, el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, expulsaba de la sala de vistas al acusado Zouhier por gesticular y hacer señas a su abogado, Antonio Alberca, mientras éste interrogaba al acusado Rachid Aglif.

Y por fin se han empezado a escuchar historias que desvelan detalles sobre como se preparó el horrible atentando, aunque sin abandonar la línea de exculpación generalizada de todos los declarantes. Los procesados negaron con excusas vagas e incoherentes cada una de las acusaciones que personalmente penden sobre ellos. Así, Hamid Ahmidan, primo de Jamal Ahmidan, "El Chino”, que intervino pasadas las seis de la tarde, reconoció que vio a su primo y a otros de los suicidas manipular un "aparato con cables" en el interior de la finca de Morata de Tajuña (Madrid), donde acudió en febrero de 2004 para realizar unas "chapuzas".

A principios de febrero, Ahmidan le pidió que no regresara durante una semana, porque esperaba la llegada de "una mujer y sus hijos". Cuando regresó, señaló al Tribunal, vio un vehículo aparcado en el exterior que él desconocía, un Toyota Corolla, que según la investigación era utilizado por el ex minero José Emilio Suárez Trashorras, a quien se acusa de facilitar los explosivos a la "célula" terrorista.

También Aglif admitió haber asistido a finales de octubre de 2003 a una reunión que se celebró en un restaurante McDonald's del barrio madrileño de Carabanchel a la que acudieron, entre otros, Suárez Trashorras, su ex mujer Carmen Toro, y Zouhier, y en la que se habló sobre la venta de hachís, pero no de explosivos, y, además, argumentó que él no pudo escuchar la conversación porque se sentó en una mesa cercana.

La máxima tensión de la jornada se vivió cuando Aglif empezó a hablar de su antiguo amigo Zouhier. Relató que en septiembre de 2003 en la casa de éste se realizaron pruebas con pequeñas cantidades del explosivo y un detonador que facilitó Suárez Trashorras, lo que le produjo heridas en una mano. "Me dijo que había estallado un petardo. Fue el momento de la expulsión de la sala de Zouhier.

De esta forma, por primera vez durante el juicio, se ha relacionado de manera directa a Emilio Suárez Trashorras, el supuesto jefe de la 'trama asturiana' que aportó los explosivos, con la célula acusada de los atentados de los cercanías.

La Fiscalía mostró su convencimiento de que estos primeros contactos directos entre la célula encabezada por Ahmidan y la trama dinamitera de Suárez Trashorras les permitieron fijar las condiciones para que los delincuentes asturianos proporcionasen entre enero y febrero del 2004 los 200 kilos de Goma 2 con los que cometieron la masacre. El explosivo, según la investigación y los informes periciales, fue sustraído de Mina Conchita, cerca de Avilés.

Saed el Harrak trató de exculparse de las acusaciones y rectificó sobre la marcha las declaraciones realizadas durante la instrucción. El momento más decisivo se dio cuando se enteró de que el seguimiento del móvil le sitúa el 7 de marzo junto a los terroristas suicidados Kounjaa y Mohamed y Rachid Orlad en la misma zona de Mocejón en la que grupo intentó volar un AVE el 2 de abril del 2004, un día antes de suicidarse en Leganés. Finalmente, el procesado lo reconoció y provocó el desmoronamiento de su estrategia de defensa. Para colmo, dijo ignorar cómo llegó al bolsillo de su bolsa de trabajo el testamento en el que Kounjaa se despide de su familia, uno de los suicidas, un sobre con tres cuartillas manuscritas.

Mohamed Larbi ben Sellam trató de realizar una actuación similar al anterior, pues negó las declaraciones que hizo en la instrucción, en las que contaba que facilitó la huida de España, tras el suicido colectivo en Leganés, de dos de los autores materiales de la masacre que no murieron en el piso franco, Mohamed Afalah y Daoud Ouhnane, y del miembro de la célula Mohamed Belhadj.

Por último, el Fadual reconoció que estuvo el 1 de marzo en la finca donde se montaron los explosivos en las mochilas, y que trasladó a Ceuta dos días después el Volkswagen Golf con el que el comando trasladó el 29 de febrero la Goma 2 de Asturias a Madrid. Además, admitió haber proporcionado a Ahmidan un BMW que condujo hasta Madrid desde Ceuta, pero negó cualquier vinculación con los atentados y tampoco admitió que haya traficado con droga o proporcionado documentos falsos.

En el capítulo de los símbolos, destaca la expulsión de Zouhier por sus aspavientos intimidatorios; las lágrimas de Aglif al ser preguntado por la enfermedad de su padre y que durante su declaración ante el tribunal, El Fadual utilizó un castellano muy deficiente y una velocidad muy atropellada, que provocó la hilaridad del público de los acusados, e incluso forzó sonrisas entre los fiscales y los acusadores. Su forma de expresarse, relatando anécdotas personales larguísimas antes de centrarse en los asuntos concretos sobre los que se le había preguntado, le costó una reprimenda por parte de Gómez Bermúdez. Después de la llamada de atención, el acusado se disculpó en varias ocasiones antes de declarar y llegó a señalar que "si hablo ese señor se enfada conmigo", en referencia Gómez Bermúdez, que un día más supo mantener la sala en perfecto orden.

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